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Nor dira Azañaren oinordekoak?

Amatiño 2010/07/11 23:27
“Yo concibo, pues, a España con una Cataluña gobernada por las instituciones que quiera darse mediante la manifestación libre de su propia voluntad…” Baina “… si algún día dominara en Cataluña otra voluntad y resolviera ella remar sola en su navío, sería justo el permitirlo y nuestro deber consistiría en dejaros en paz, con el menor perjuicio posible para unos y otros, y desearos buena suerte, hasta que cicatrizada la herida pudiésemos establecer al menos relaciones de buenos vecinos” (Manuel Azaña. "Defensa de la autonomía de Cataluña". Bartzelona, 1930.03.27).

José Ignacio Lacasta-Zabalza zuzenbide–irakasleak Azaña y Ortega. Dos ideas contrapuestas sobre España y su Estado artikulua idatzia du (Hermes. 2004ko azaroan) egunotan aukera-maukeran datorrena. Aipatu bien ideiok alderatzeko, lehenaren Defensa de la autonomía de Cataluña  hitzaldia eta bigarrenaren  España invertebrada saiakera kontrajartzen ditu.

Irakasle iruindarrak esan bezala, Ortegaren iritziz espainiar historia eta kultura ez dira hainbat herri eta menderen aniztasunaren fruitu, juduen eta musulmanen kontrako eraso nazional-katolikoaren batasuna baizik. Ortegaren esamoldeetan: “España es una cosa hecha por Castilla, y hay razones para ir sospechando que, en general, sólo cabezas castellanas tienen órganos adecuados para percibir el gran problema de la España integral”.

Azañaren ustez, aldiz, espainiar estatuaren etorkizuna herrien borondatea askean oinarritzen da. Irtenbidea, inondik etortzekotan, Errepublikaren ildotik etorriko da, Errepublikak erakarriko baitu Estatu berria: “Estado nuevo dentro del cual podamos vivir todos”, eta Estatu berri hau “ha de salir de la voluntad popular y ha de ser garantía de la libertad”.

Alegia: “Yo concibo, pues, a España con una Cataluña gobernada por las instituciones que quiera darse mediante la manifestación libre de su propia voluntad…” Baina “… si algún día dominara en Cataluña otra voluntad y resolviera ella remar sola en su navío, sería justo el permitirlo y nuestro deber consistiría en dejaros en paz, con el menor perjuicio posible para unos y otros, y desearos buena suerte, hasta que cicatrizada la herida pudiésemos establecer al menos relaciones de buenos vecinos” (Manuel Azaña. Defensa de la autonomía de Cataluña. Bartzelona, 1930.03.27).

Laurogei urte geroago begi-bistakoa da nor diren Espainian ortegazaleak. Ezin esan, ordea, nor ote diren Azañaren oinordekoak. Non dira beste hainbat gauzatarako Azaña liberal eta errepublikanoa hitzetik hortzera aipatu izaten dutenak?

                      

 

Amatiño
Amatiño dio:
2010/07/15 13:04

Desengáñense sus señorías: el tan manido “problema catalán”, que debía conllevarse perpetuamente, según Ortega y Gasset, o intentar resolverse, sea difícil o fácil, como afirmaba Azaña, no es sino manifestación del “problema español”. De la aceptación de lo que España ha sido y es, y no de lo que a algunos –constituyan o no la mayoría, porque ésta no es una cuestión de mayorías- les gustaría que hubiera sido y fuera ahora. O España se acepta como realmente es, o España no tiene futuro. O se conoce bien la historia no de España, sino de las Españas, o nunca resolveremos el problema. Una historia que ignora demasiada gente, que por lo visto ignoran los propios miembros del TC.¿Cómo se puede sostener que el autogobierno o la autonomía catalana emanan de la Constitución? ¿Cómo puede ignorarse que antes de la Constitución se restituyó la institución de la Generalitat presidida en el exilio por Josep Tarradellas?

Tras su entrada en vigor en agosto del 2006, el Tribunal Constitucional acaba de dictar su sentencia al recurso planteado por el Partido Popular. El tránsito desde la voluntad inicial del Parlament hasta el acuerdo final en las Cortes fue complejo y requirió acuerdos y compromisos que nadie puede olvidar. Seguimos al pie de la letra los cauces que señalaba la Constitución. Todavía resuena alguno de los argumentos para rechazar la propuesta de reforma del Estatuto vasco, conocido como “Plan Ibarretxe”: “Utilicen Vdes. la vía catalana”. Pues bien, ni la vasca ni la catalana. Aquí la única vía que hoy tiene salida es la vía española de aquellos que no quieren entender que desde las constituyentes si ha sido posible la transición y la consolidación de la democracia y de España como potencia es también gracias al diálogo, pacto y contribución de Catalunya.

lux
lux dio:
2010/07/15 11:30

Azken hilabete hauetan Katalunian bestelako Azaña bati buruzko eztabaida izan da, Aragon Konstituzio Auzitegiko epailearen zaletasun eta ildoen bidetik. Azaña zaharra, Valentziako Benicarló jauregian (egun Valentzia-herriko Gorteeen egoitza) depresioan jota, gaztaroko ametsak ahaztuta espainolismo jakobinora bueltatuta eta are gehiago handik hilabete gutxira, bere idatzietan ikusi daitekenez.

Horren haritik gaur bertan -uztailak 15- LaVanguardiako bere kronikan Enric Julianak zera idatzi du: "Me cueste lo que me cueste". Exhalada desde lo más hondo de su hermética personalidad, esa afirmación explica por qué defiende con la pasión del converso el draconiano ajuste del déficit impuesto por el Directorio Europeo. Entre el 8 y el 12 de mayo, Zapatero tuvo una visión; una epifanía, por decirlo de una manera un poco cursi. Se vio a sí mismo como el eslabón débil de un engranaje de dimensiones colosales en riesgo de colapso. Un profesor de Derecho de León, con pocos viajes al extranjero en su biografía juvenil, recibiendo la llamada del presidente de Estados Unidos y del primer ministro de China para que cambie inmediatamente de política. ¡Glups! Una personalidad débil o atormentada habría entrado en depresión. Manuel Azaña entró en depresión cuando vio que España se lanzaba al abismo ignorando sus buenas intenciones ateneísticas. (Setenta años después, la depresión de Azaña es la clave narrativa de la sentencia del Estatut). El hermético Zapatero, sin embargo, no es un hombre débil. El presidente entró ayer en el Congreso con el ímpetu de la roja, para defender con el ardor de Villa, Iniesta y Puyol la cura de caballo que hace poco más de dos meses rechazaba.

"Me cueste lo que me cueste". Con ese innegable instinto político, Zapatero ha propiciado –o no ha frenado, simplemente– una sentencia del Estatut que podía haber quedado congelada hasta después de las elecciones catalanas. Bastaba con centrar la batalla en la renovación del Tribunal Constitucional. No ha sido así. La prioridad ha sido otra: despejar el peligroso desfiladero de otoño, satisfaciendo el precio que exigía el magistrado Manuel Aragón; esto es, una sentencia en diálogo nocturno con el espíritu atormentado de Manuel Azaña: un manifiesto político sobre la unidad de España. Retórica del siglo XIX para una sociedad del siglo XXI. Una máscara de hierro que no cercena ni asfixia, pero embrida. Circulan dos versiones por Madrid. Una apunta a que la sentencia se aceleró por decisión personal de Zapatero; la otra señala que no, que todo fue más complicado: una acumulación de factores.

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