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El coche eléctrico echa ya chispas

Amatiño 2010/02/24 23:25
La suerte está ya echada. Hay razones objetivas totalmente favorables al éxito del coche eléctrico. El lento pero inevitable agotamiento del petróleo, la previsible tendencia al alza de su precio, las medidas adoptadas para disminuir las emisiones de CO2, la mayor sensibilidad medioambiental de las nuevas generaciones, el afán competitivo del sector de automoción, el impulso institucional… Los vientos del mercado soplan sin duda a favor del coche eléctrico.

Los niños que nacerán este año apenas conocerán otro coche que no sea eléctrico. Según la Agencia Internacional de la Energía, el 50% de los vehículos que en 2030 circularán por el mundo serán eléctricos. Lo que significa que este porcentaje será muy superior en los países de occidentales y, concretamente, en la Unión Europea.

En esto, como en todo, hay escépticos y entusiastas. Los primeros consideran que estos procesos de cambio son muy lentos y que hay que darle tiempo al tiempo. Los segundos, por el contrario, están convencidos que todo se desarrollará mucho antes de lo esperado. Que, en apenas unos años, a todos nos va a dar por pasarnos al modelo eléctrico.

Lo cierto es que las noticias al respecto no han parado desde que el pasado mes de octubre  Cegasa solicitara su ingreso como asociado en el Cluster de la Energía. La pregunta era evidente ¿qué está pasando para que una empresa que lleva 75 años fabricando pilas de consumo  solicite de pronto su participación como agente directo dentro del sector energético vasco?

Desde entonces las informaciones se han producido una tras otra sin necesidad de salir del mismo Euskadi. Primero fue la propia Cegasa la que anunció que en menos de tres años estaría en condiciones de ofrecer en el mercado baterías para los coches eléctricos. Más tarde, el Ente Vasco de la Energía y Repsol llegaron a un acuerdo para el estudio y posterior desarrollo de una red piloto de estaciones de servicio eléctrico, a cuya idea se sumarían más tarde la Diputación Foral de Bizkaia e Iberdrola. Mientras tanto, el Departamento de Industria del Gobierno Vasco llegaba a un acuerdo con Mercedes Benz para la fabricación, antes de 2011, de furgonetas eléctricas en sus instalaciones de Vitoria-Gasteiz y, a las pocas semanas, un consorcio instalado en el Parque Tecnológico de Alava anunció la comercialización para 2012 de un ‘city car’ o biplaza eléctrico dentro del proyecto Hiriko, driving in mobility. Entretanto, a la chita callando, la Administración Pública está cambiando la legislación para que la recarga se pueda llegar a hacer en los garajes de las comunidades de vecinos. Y, por si todo ello fuera poco, el pasado día 9 de febrero los clusters vascos de Automoción y Energía, que reúnen a 380 empresas con una facturación de 51.000 millones de euro, firmaron un acuerdo de colaboración respecto al “nuevo modelo de movilidad, la transformación de los vehículos, las necesarias infraestructuras energéticas y los nuevos comportamientos de los usuarios”.

Un viejo invento

Contra lo que pudiera parecer, el coche eléctrico no es un invento de nueva creación. Ya entre 1996 y 1998 Mondragón Corporación Cooperativa (MCC) e Iberdrola desarrollaron una furgoneta eléctrica, denominada Zeus. Su mercado potencial contemplaba el medio urbano, apropiado para mensajeros, repartidores, reparaciones y servicios a domicilio etc.  con una autonomía de 100 kilómetros y una velocidad máxima de 90 km/hora. Llegaron a montarse cinco prototipos pero, finalmente, debido la bajada de los precios del crudo, su comercialización fue pospuesta para mejor ocasión.

Con todo, fue en 1953 cuando la empresa Electrociclos, de Eibar, no sólo desarrolló sino que incluso llego a comercializar una furgoneta de reparto eléctrica, con motor de General Electric y batería Tudor. Se llegaron a vender del orden de 200 unidades en Bilbao, Pamplona, Zaragoza y Barcelona, al precio de  30.000,-- ptas. (175 €), con transformador para recarga eléctrica incluido. Tenía una autonomía  aproximada, en llano,  de 100 kms.  y una velocidad máxima de 45 km/hora.

Pero el invento del coche eléctrico como tal se remonta a 1835, es decir con anterioridad a la automoción del motor de explosión de cuatro tiempos. La paternidad del invento se le adjudica al escocés Robert Anderson, y los desarrollos posteriores tuvieron relativo éxito tanto en Francia y Gran Bretaña como en los Estados Unidos, cuando menos hasta que, en 1908, Henry Ford estableció el sistema de producción en cadenas de montaje de forma masiva y barata, en favor de los vehículos de combustión y en detrimento de los de automoción eléctrica, tradicionalmente más reacia a mejoras e innovaciones.

En 1930 la industria del automóvil eléctrico desapareció prácticamente por completo y, muy probablemente, cien años más tarde, hacia 2030, terminará por tomarse la revancha.

La suerte está ya echada. Hay razones objetivas totalmente favorables al éxito del coche eléctrico. El lento pero inevitable agotamiento del petróleo, la previsible tendencia al alza de su precio, las medidas adoptadas para disminuir las emisiones de CO2, la mayor sensibilidad medioambiental de las nuevas generaciones, el afán competitivo del sector de automoción, el impulso institucional… Los vientos del mercado soplan sin duda a favor del coche eléctrico.

EIBAR. Herriaren arima. Núm. 94. 2010 aratosteak

Ignacio Sánchez Galán, Iberdrola, Antonio Brufau, Repsol, eta Cristina Garmendia, Zientzia eta Berrikuntza ministroa

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