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¿Qué hemos hecho mal?

Amatiño 2011/11/05 22:00
Lo realmente preocupante es comprobar que el hilo conductor que en 1962 José Berruezo lo remontaba hasta nada menos que 1538, parece haberse ya cortado. En apenas 50 años hemos dilapidado un capital de cinco siglos. Algo hemos tenido que hacer mal. ¿Qué hemos hecho mal?

Gaspar Melchor de Jovellanos cuenta en su famoso Diario (1790-1801) que, concretamente el domingo 21 de agosto de 1791, fue invitado a comer en Eibar en casa del industrial armero Juan Esteban Bustindui, quien a la sazón exportaba escopetas “para varios Grandes y Señores de la Corte, para América, Inglaterra, Francia, Rusia y otras partes”. Concreta Jovellanos que hubo “buen humor y buena comida: asado, calamares, anguilas, truchas, magras, guisado y frutas; buen vino generoso, bizcochos bañados, confituras y por último anisete”.

Pero si la invitación y el menú impresionaron a Jovellanos, mayor sorpresa produjo al ilustrado escritor y jurista el hecho de que el patrono Bustindui sentara a la mes a dos de sus calificados obreros: Gaviola, llavero, y Aldecoa, cañonero. A partir de este encuentro, Jovellanos nos habla del progreso industrial de Eibar, de la racional distribución del trabajo armero y de la excelente calidad de sus productos. Y con todo ello, José Berruezo, quien fuera Archivero Jefe de la Diputación de Gipuzkoa, elaboró una teoría de la “entente social” de Eibar y la consignó como anterior a formulaciones económico-sociales de relevancia histórica e internacional.

Según José Berruezo (Akelarre. San Sebastián, 1962), “cuando aún no existía el celebrado sistema moderno del trabajo en cadena porque no existían los Estados Unidos que lo han creado, y América era casi una hipótesis tras las primeras brumas del descubrimiento, unos tesoneros guipuzcoanos anticipándose en siglos a mecanizaciones, ordenaciones y planificaciones industriales, constituyeron algo así como una Afictionía laboral datando en Eibar –junto a la iglesia de San Andrés de Eybar—el origen de la fabricación en serie.”

El relato del mismo José Berruezo continúa: “Hubieron de pasar años y más años hasta que la marmita de Papín, aplicada a los telares de Manchester, diese acta de fe del nacimiento del maquinismo. Luego fueron la técnica, las doctrinas económicas, la Sociología, Das Kapital de Carlos Marx, el dumping japonés, la dinastía de los Ford y las dos guerras mundiales: la complicada historia del Trabajo y de sus repercusiones económicas y sociales. Pero los eibarreses habían sido los primeros en escribir en su página liminar la palabra racionalización.”

Igualmente, añade: “Y este fue –y es—el secreto del auge industrial de la villa armera: laborar en equipo y con espíritu de equipo. Espíritu que de familiar pasó a ser local y que, pese a la suplantación del hombre por la máquina, pese a la deshumanización del trabajo, conserva su solera secular”.

Y, a modo de ejemplo, cita: “un Orbea se compromete en 1538 a servir un encargo de 15.000 arcabuces; otro Orbea funda en 1859 una poderosa empresa industrial; y hoy, al cabo de casi cinco siglos, el mismo nombre sigue siendo garantía de calidad y de perfección manufactureras. Este caso de continuidad familiar, de lo que llamaríamos solidaridad vertical en el trabajo, se produce también en sentido horizontal, habiendo creado la gran gens eibarresa que hoy tiene su más honrosa expresión en la Alfa”.

Hasta aquí la reflexión de José Berruezo en 1962. Cabría aceptar que es una visión un tanto romántica de la historia industrial de Eibar,  pero es innegable que toda exageración, todo arquetipo, tiene su origen en una realidad socialmente evidenciada y aceptada. Y por mucho que apelemos a la humildad y a la mesura de propios y extraños, habrá que convenir que Eibar tiene un pasado industrial del que muy pocas poblaciones pueden alardear en todo el mundo.

La cuestión que nos debe preocupar no es esa. Lo realmente preocupante es comprobar que el hilo conductor que en 1962 José Berruezo lo remontaba hasta nada menos que 1538, parece haberse ya cortado. En apenas 50 años nos hemos cargado una tradición de cinco siglos. Algo hemos tenido que hacer mal. ¿Qué hemos hecho mal?

Revista EIBAR. Herriaren arima. 2011ko Gaztañerre. 104. zenbakia.

                  jovellanos   Jose Berruezo

                                                                  Jovellanos y Berruezo

Trebi
Trebi dio:
2011/11/07 02:21

Toki estua izatea eta industria guztiak kanpora joan behar? Beharbada Eibarko galeraren arrazoia justu bere exitua da. Bailada osoa jendeantzako etxez bete dogu. Eta tailerrak kanpora. Edo gura genduke lehengo eran tailerrak bajeretan eta bizitegixak goiko pisuetan egon? Onartuko zan?

Amatiño
Amatiño dio:
2011/11/07 11:22

Nik esango nuke lekurik eza baino kontu zailagoa dela. Buruan dauzkadan hiruzpalau ideia laburbildu eta zerbait idatziko dut. Eskerrik asko.

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