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Eibarreses con futuro: Amables, competitivos, con valores y sentido identitario

amat 2006/11/14 10:03

Eduardo Zubiaurre ha sido elegido presidente de Adegi, Asociación de Empresarios de Gipuzkoa. Desde hace un año Mikel Lazpiur preside Confebask, Confederación Empresarial Vasca. Zubiaurre es de Eibar y Lazpiur, de Bergara. Ambos responden a un mismo perfil de empresario vasco típico y tópico: dirigen con éxito empresas familiares competitivas y se caracterizan por su laboriosidad y esmero en el trabajo bien hecho, apego al terruño y vocación internacional, defensa de la tradición y apuesta por la innovación. Los dos son personas con valores y sentido de pertenencia. Los dos son guipuzcoanos y, además, de la cuenca del Deba. ¿Es casualidad o... hay algo más?

La empresa vasca vive tiempos de redifinición. Pero no sólo la empresa. Somos todos los que vivimos tiempos de cambio y nos encontramos inmersos en profundas modificaciones. Las personas, las familias, las organizaciones empresariales y sindicales, los pueblos, las naciones... todos nos hallamos en un punto de no retorno a partir del cual nada será ya igual. Los avances tecnológicos y la globalización son los dos carriles sobre los que deberá circular el nuevo tren de las personas. Personas creativas, innovadoras y competitivas. Personas con valores y sentido de pertenencia.

Han pasado ya treinta años, toda una generación, desde las grandes crisis de los años setenta. Crisis de todo orden: energéticas, políticas, sociales, económicas, laborales, religiosas, culturales, identitarias, generacionales... Y la sociedad vasca se apresta a un nuevo tiempo en el que a los cambios locales históricos que parecen avecinarse hay que añadir los retos del horizonte mundial.

Como no así hace 15 ó 20 años, la sociedad vasca reconoce hoy abiertamente que el futuro de su calidad de vida está estrechamente unido al éxito de sus empresas en los mercados internacionales. Si no tuviéramos empresas generadoras de empleo y riqueza las tendríamos que crear; si no tuviéramos directivos capaces de liderar esas empresas los tendríamos que motivar; si no tuviéramos profesionales debidamente formados los tendríamos que inventar. Y si hemos llegado a donde hemos llegado es porque, de una u otra forma, siempre hemos sido capaces de hacer, arriesgar y dar el callo.

Fortalezas y debilidades

La empresa vasca tiene sus grandes fortalezas y sus profundas debilidades. Las fortalezas radican en su cercanía al entorno, la laboriosidad y formación profesional de sus hombres y mujeres, el gusto por las cosas bien hechas y la pertenencia a una sociedad de valores. Entre las deficiencias, cabe apuntar la excesiva autocomplacencia y las reticencias al cambio.

Aunque pueda sorprender, el futuro de la empresa vasca, como el futuro de los vascos y del propio pueblo vasco en su conjunto, radica en consolidar una oferta identitaria amable, en ser capaces de presentar con éxito en el mercado mundial una marca de calidad, una marca de valores. En conseguir ser seductores, flexibles, bien dispuestos, innovadores, competitivos y con personalidad propia. Es todo un reto, es una tarea colectiva tanto del ámbito empresarial como del conjunto de la sociedad vasca.

El concepto milenario de territorialidad tiende a desvanecerse. En menos tiempo de lo que podamos pensar, muchos vascos que van a segur trabajando en empresas vascas, informándose diariamente a través de EiTB, leyendo las noticias de los periódicos locales por Internet y votando en las elecciones, van a vivir en Sao Paulo o Shanghai y sus hijos va a seguir siendo vascos, y eibarreses, de forma un tanto distinta a lo que hasta ahora han podido ser. Así como la sociedad vasca vive un constante proceso de mestizaje y hay ya en nuestras calles caras y ojos de los cinco continentes, también nosotros nos vamos a repartir por el mundo.

A partir del siglo XVI, fueron los imperios los que iniciaron la globalización. En los siglos XIX y XX, el relevo lo tomaron las empresas. En el siglo XXI, la globalización la protagonizarán las personas. Nuestro gran reto consistirá en ser eibarreses y vascos --amables, innovadores, competitivos y con valores— en un nuevo mundo donde todo será posible pero, desde luego, no fácil.

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