Amor a la bandera española
En éuskaro rincón escondido, con orgullo sin ser altivez, los vascos, que como bien es sabido son españoles (pregúntesele si no al amigo Xarlo de Hasparren), muestran con fruición su amor a la enseña patria, esa que según los versos del poeta vizcaíno Ramón de Basterra, cubre:
"El área inmensa de nuestra alma hispana
como el solar vascongado fracturado,
hoy deshecho en anarquía vana
¡intimo campo devastado!"
La rojigualda, llamada despectivamente piperpoto por los adictos a la porrusalda (de la cual tantos ejemplares capturamos a los gudaris en el 36, desde Endarlaza hasta el Malato). La verdadera bandera vasca, la bicolor, en aquellos años duros, alegres y esperanzados; años de victoria en los que la enseña nacional iba unida a la silueta de los abanderados en las compañías de los Batallones de soldados, de los Tercios de requetés y de las Banderas de Falange; todos hermanados en el dolor y en la alegría del sacrificio.
¡Pero perdón, que a uno se le va la pinza recordando tiempos gloriosos! No más quería mostrar estas imágenes, inequívocas pruebas de la férrea adscripción del noble pueblo vasco a la bandera española.
PD: para los no versados en temas marineros, nótese que todas las embarcaciones están obligadas por ley a portar la bandera nacional en lugar visible, so pena de multa en caso contrario. ¡Obsérvese el patriotismo de nuestros bravos Ulises, que lucen con orgullo, planta y tronío su signo de identidad!














