El camino hacia la biblioteca digital
Egilea: Teresa AGIRREAZALDEGI
La biblioteca
La biblioteca probablemente sea uno de los equipamientos culturales y educativos más antiguos y extendidos que existen. Sin embargo, no es algo único; hay bibliotecas de diversos tipos: bibliotecas nacionales, bibliotecas públicas, universitarias, escolares, de entidades concretas y bibliotecas y servicios de documentación especializados.
Las bibliotecas y los servicios de documentación se cimentan sobre estos dos pilares: las colecciones y los servicios. Es decir, por un lado, la riqueza e idoneidad de sus fondos; y por otro, su capacidad de adaptación a las necesidades de los usuarios. El eje central del servicio bibliotecario lo constituye el catálogo, esto es, la colección de fichas que recogen la descripción, clasificación e indización de cada libro, constituyendo la clave fundamental para poder encontrarlo. Establecer una normativa en esta actividad ha sido, sin duda, una de las principales preocupaciones y también uno de los logros de los organismos bibliotecarios del siglo XX. Una vez conseguida la normalización en la descripción, el siguiente paso ha sido la informatización de los catálogos. Las redes y, sobre todo, Internet ofrecen la posibilidad de consultar tales catálogos a distancia. La revolución digital
En la actualidad, las bibliotecas albergan no sólo libros, diarios y revistas, sino también informes, discos, CD-ROMs, vídeos, disquetes y otra serie de materiales. El mayor de los cambios, sin embargo, se está produciendo en el campo de la digitalización del conocimiento. Poco a poco se está descomponiendo esa idea de unión inseparable entre información y soporte; y su correspondencia con una localización física concreta. Este proceso se puede ver claramente en los servicios de documentación de los periódicos, donde toda la información disponible, así como la mayoría de la que les llega desde el exterior, es recogida, seleccionada, analizada, almacenada, reutilizada y distribuida en formato digital. Los servicios de documentación de las radios y televisiones están siguiendo el mismo camino.
El tema de las bibliotecas digitales ha acaparado la atención y la implicación de los profesionales, como bien demuestra la sede web de la prestigiosa federación IFLA (International Federation of Library Associations and Institutions) . Ha sido, asimismo, el objeto de estudio de numerosos cursos y congresos (el más reciente, las IV Jornadas sobre Bibliotecas Digitales, celebradas en Alicante el mes de noviembre ). También ha despertado el interés de la propia sociedad; basta con echar una mirada a la cantidad de recursos y subcategorías de las que consta el concepto de Digital Libraries de los conocidos directorios de Internet Yahoo u Open Directory Project.
Son muchas las nuevas bibliotecas formadas por colecciones de documentos digitales, y que carecen de estructura física; también es elevado el número de guías y directorios de documentos y sedes web, de carácter general o especializado, disponibles en Internet. Las bibliotecas tradicionales, por su parte, digitalizan sus patrimonios históricos y los ponen en la red para, de esta forma, contribuir a su conservación y divulgación. Asimismo están en proceso de digitalización obras literarias conocidas y que carecen de copyright, de las que podemos encontrar en Internet hermosas colecciones (por ejemplo, Gallica; Athena; Biblioteca virtual Miguel de Cervantes; e Internet Public Library: Books).
Detrás de muchos de estos grandes proyectos se encuentran bibliotecas nacionales y universidades. En lo que se refiere a la enseñanza superior, la digitalización comenzó por la forma de consulta de las revistas científicas. De la mano de las grandes empresas editoras y distribuidoras, muchas revistas y bases de datos son accesibles a través de las Intranets universitarias o de Internet, ofreciendo, miles y miles de documentos en texto íntegro. El excesivo coste de tales suscripciones, sin embargo, ha reavivado la polémica. En diferentes foros se hace un llamamiento para que los resultados de las investigaciones sean difundidos a través de medios de libre acceso (open access).
Como se puede observar por lo anteriormente expuesto, Internet es esencialmente contenidos. Y los bibliotecarios y documentalistas, junto con otra serie de profesionales, son gestores de esa industria de contenidos. En estas circunstancias, las bibliotecas se están encaminando hacia un modelo híbrido, que gravita sobre un catálogo informatizado, integrado, a su vez, en catálogos colectivos que, por medio de protocolos como el Z39.50, nos conducirán hacia una biblioteca sin paredes. El catálogo proporcionará acceso a referencias y textos completos de ciertos documentos, incluyendo fondos propios. A los bibliotecarios les corresponderá organizar y catalogar tales medios, y facilitar el acceso al mundo físico y virtual.
La situación en Euskal Herria
A decir verdad, estamos muy atrasados en este tema. No se ha puesto en marcha ninguna política bibliotecaria. Y la situación actual se caracteriza por la dispersión, la falta de planificación, las dificultades en lo que respecta a la formación y la escasez de medios.
En primer lugar, tenemos la imperiosa necesidad de disponer de un catálogo colectivo de incuestionable calidad y en las lenguas oficiales de nuestro país que reúna el patrimonio de las bibliotecas de Euskal Herria. En lo que respecta al plurilingüismo, deberíamos aprovechar las experiencias de las bibliotecas Azkue, Habe, Koldo Mitxelena o Mondragon Unibertsitatea, y aprender del buen hacer de otras bibliotecas internacionales, como por ejemplo la Bibliotheque Royal de Belgica.
Otra necesidad apremiante es la elaboración de la bibliografía nacional de Euskal Herria; una bibliografía que recopile cuanto se publica en Euskal Herria y sobre ella. Desde esta perspectiva el registro del depósito legal resulta insuficiente, y habría que avanzar en la dirección marcada por Joan Mari Torrealdai y Jon Bilbao. Hay que recopilar y difundir las bases para la investigación y los resultados de la misma. Consideramos, además, que también nuestras instituciones públicas debieran involucrarse en la iniciativa de libre acceso (open access).
Necesitamos colecciones hemerográficas formadas desde la óptica de Euskal Herria, así como proyectos destinados a asegurar su explotación y conservación (único modo de minimizar catástrofes como la que ha sufrido recientemente la revista Herria). Urge definir las políticas de digitalización de fondos de las bibliotecas, de modo que se garantice la conservación y divulgación del patrimonio. Sin olvidar que, hoy en día, buena parte de la información discurre exclusivamente por los cauces de Internet, de modo que convendría recurrir, antes de que fuera demasiado tarde, a los conocimientos de la archivística para almacenar todo ese conjunto de información correctamente.
Señalemos también, que va siendo hora de considerar a las bibliotecas públicas como infraestructuras de primer orden para la promoción de la cultura, la educación y el ocio. Cabe exigirles que ofrezcan un servicio bilingüe, que alberguen ricas colecciones locales y que se comprometan con los diferentes sectores sociales. Y para conseguirlo, se les debe asegurar una suficiente dotación de medios económicos y técnicos, así como formación para sus trabajadores.
Mas todo ello nunca llegará a suceder si cada entidad y biblioteca sigue actuando por su propia cuenta. Es primordial crear entre las bibliotecas una o varias redes sólidas, por encima de las cuales se sitúe una entidad autónoma y consolidada, que marque las pautas estratégicas, políticas y técnicas a seguir, y que cuente con suficientes recursos y aceptación social. Algunos le llamamos a esto Biblioteca Nacional.
Otro factor de máxima relevancia a tener en cuenta para poner fin a la situación actual es la educación. En Euskal Herria no hay estudios universitarios de biblioteconomía, documentación y archivística, por lo que la juventud que desea recibir una formación en dichos campos se ve obligada a salir fuera. Pero es que, además, las sinergias y la investigación que producen los estudios universitarios son absolutamente necesarias para asegurar la sólida y continua formación que requieren, de los profesionales, las nuevas tecnologías. Basta con echar un vistazo a Cataluña para percatarse de la importancia que este aspecto reviste.
Teresa Agirreazaldegi Miembro del Seminario de Biblioteconomía Joana-Albret y profesora de la UPV/EHU
Liburutegi digitalerako bidea
Egilea: Teresa AGIRREAZALDEGI
Liburutegia
Liburutegia izango da, beharbada, ekipamendu kultural eta hezitzaile zaharrenetarikoa eta hedatuena. Mota askotako liburutegiak daude, ordea, eta bakoitzak bere egiteko eta helburu propioak ditu: liburutegi nazionalak, publikoak, unibertsitateetako liburutegiak, eskoletakoak, erakunde zehatzei lotutakoak eta liburutegi eta dokumentazio-zentro espezializatuak.
Liburutegiak eta dokumentazio-zerbitzuak bi zutabetan oinarritzen dira: bildumetan eta zerbitzuetan. Batetik, ondareen aberastasuna eta egokitasuna dago, eta, bestetik, erabiltzaileen beharretara egokitzeko duten gaitasuna. Biblioteketako zerbitzuaren ardatza katalogoa da, hau da, liburu bakoitzaren deskripzioa, klasifikazioa eta indexazioa jasotzen dituen fitxa-bilduma. Eginkizun horretarako arautegia finkatzea izan da, dudarik gabe, XX. mendean liburuzainen erakundeen kezka eta lorpen nagusietako bat. Deskripzioaren normalizazioa gauzatuta, katalogoen informatizazioa izan zen hurrengo pausoa. Sareek eta, dagoeneko, Internetek katalogo horiek urrutitik kontsultatzeko aukera eman dute.
Iraultza digitala
Hori guztia, baina, iraultza handi baten hastapena besterik ez da izan. Dagoeneko, biblioteketan, liburu, egunkari eta aldizkariez gain, txostenak, diskoak, CD-ROMak, bideoak, disketeak eta beste hainbat material daude. Aldaketa handiena, ordea, beste eginkizun baten eskutik etortzen ari da: ezagutzaren digitalizaziotik. Jadanik apurtzen ari da informazioaren eta euskarriaren arteko ezinbesteko lotura, eta horri dagokion kokapen fisiko zehatzaren ideia. Prozesu hori argi ikusten da egunkarietako dokumentazio-zerbitzuetan, non barruko informazio guztia eta kanpotik heltzen den gehiena formatu digitalean jaso, hautatu, analizatu, bildu, berrerabili eta banatu egiten den. Eta ildo beretik doaz irratietako eta telebistetako dokumentazio-zerbitzuak ere.
Liburutegi digitalen gaiak profesionalen arreta eta inplikazio handia jaso du, IFLA (International Federation of Library Associations and Institutions) elkarte ospetsuaren webguneak erakusten duen legez. Ikastaro eta kongresu askotako gaia ere izan da (azkena, Liburutegi Digitalen IV. Jardunaldietakoa. Jende xehearen interesa ere jaso du gaiak, Yahoo edota Open Directory Project Interneteko direktorio ospetsuetan begiratu besterik ez dago Digital Libraries atalean dauden baliabideen kopurua eta azpikategoriak.
Asko dira, inongo egitura fisikorik gabe, dokumentu digitalen bildumak osatzen dituzten liburutegi berriak. Bestalde, betiko liburutegiek beren ondare historikoak digitalizatu eta sarean jartzen dituzte, haiek kontserbatzeko eta zabaltzeko modu egokia baita. Copyright gabeko literatur lan ezagunak ere sartu dira digitalizazioaren prozesuan, eta, gaur egun, oso bilduma ederrak daude eskura Interneten (adibidez, Gallica; Athena; Biblioteca virtual Miguel de Cervantes; eta Internet Public Library: Books).
Proiektu handi askoren atzean, liburutegi nazionalak eta unibertsitateak daude. Goi mailako hezkuntzan, digitalizazioa aldizkari zientifikoak kontsultatzeko modutik hasi zen. Enpresa editore eta banatzaile handien eskutik, aldizkari zientifikoak eta hainbat datu-base unibertsitateko Intranet edota Internet sareetan kontsultatzeko moduan dira jadanik. Hala ere, harpidetza horien gehiegizko kostuak eztabaida berpiztu du, eta foroetan dei egiten dute ikerkuntzako emaitzak sarrera irekia (open access) duten baliabideen bidez zabal daitezela.
Ikusten denez, Internet batik bat edukiak da, eta liburuzainak eta dokumentalistak, beste profesionalekin batera, edukien industria horren kudeatzaileak. Testuinguru horretan, liburutegia, gero eta gehiago, modelo hibrido bat izango da. Katalogo informatizatua izango du ardatz, katalogo kolektiboetan integratuko dena, eta, Z39.50 moduko protokoloaren bitartez, hormarik gabeko liburutegi batera eramango gaitu. Katalogo horrek erreferentzia eta testu osoko hainbat dokumentutarako sarbidea eskainiko du, ondare propioetarako sarbidea barne. Liburuzainaren betebeharra baliabide horien antolamendua, katalogazioa eta mundu fisiko eta birtualerako sarrera eskaintzea izango da.
Eta Euskal Herrian zer?
Egia esaten badugu, arlo honetan atzerapen handia daukagu. Biblioteka arloan ez dago politikarik, eta sakabanaketa, planifikaziorik eza, heziketarako zailtasunak eta baliabide gutxi dira egoeraren ezaugarri nagusiak.
Lehenik eta behin, katalogo kolektibo baten premia dugu, kalitatezkoa eta elebiduna; Euskal Herriko liburutegien ondareak jasoko dituena eta gure hizkuntza ofizialetan egongo dena. Eleaniztasunaren auzian, Azkue, Habe, Koldo Mitxelena edota Mondragon Unibertsitateko liburutegien esperientziak aprobetxatu behar ditugu, eta baita nazioarteko beste herrialde batzuetako liburutegiena ere bai; adibidez, Belgikako Bibliotheque Royal -arena.
Euskal Herriko bibliografia nazionala osatzea da beste premietako bat, hau da, Euskal Herriko sorkuntza eta herri honen inguruan argitaratzen dena jasoko duen bibliografia. Alde horretatik, lege-gordailuaren erregistroa ez da nahikoa, eta, Joan Mari Torrealdaik eta Jon Bilbaok landutako bideak jorratu behar dira. Ikerkuntzarako oinarriak eta horren emaitzak bildu eta zabaldu behar dira, dudarik gabe.
Euskal Herriko ikuspegitik osatutako bilduma hemerografikoak behar ditugu, eta horien ustiapena eta kontserbazioa ziurtatzeko proiektuak (besteak beste, Herria aldizkariak pairatu berri duen moduko galerak saihesteko). Liburutegietako ondareak digitalizatzeko politikak premiazkoak dira, ondare historikoen kontserbazioa eta zabalkundea bermatzeko. Eta ez hori bakarrik, gaur egun, Internet dugu hedabide nagusia, eta informazio asko bide horretatik soilik hedatzen da; horrenbestez, berandu baino lehen, artxibistikaren ikuspegiak erabili beharko dira informazio hori guztia behar den moduan gordetzeko.
Bestalde, bada garaia herriko liburutegiak kultura, hezkuntza eta aisialdirako lehen mailako egituratzat hartzeko. Eskatu behar zaie zerbitzu elebiduna, herriko bilduma aberatsa eta konpromisoa izatea gizarteko sektore guztiekin. Eta hori bermatzeko, baliabide ekonomikoak, teknikoak eta langileen trebakuntza eskaini behar zaizkie.
Hori guztia ezinezkoa da biblioteka eta erakunde bakoitza bere aldetik joaten bada, orain arte egin den bezala. Ezinbestekoa da biblioteken arteko sare sendo bat (edo batzuk) eta beren gainetik bide estrategikoak, politikoak eta teknikoak markatuko duen erakunde autonomo eta indartsu bat, nahikoa baliabide eta gizarte onarpena izango duena. Batzuek azken horri Biblioteka Nazionala deitzen diogu.
Badago beste faktore bat gaur egungo egoera amai dadin ezinbestekoa dena: hezkuntzarena. Euskal Herrian, bibliotekonomia, dokumentazio eta artxibistika alorretan ez dago unibertsitateko ikasketarik. Unibertsitateko ikasketek sortzen dituzten sinergiak eta ikerketak behar-beharrezkoak ditugu gaur egun teknologia berriek eskatzen dituzten profesionalen trebakuntza handia eta jarraitua bermatzeko. Horren garrantziaz jabetzeko, Kataluniara begiratzea besterik ez dago.
Teresa Agirreazaldegi Joana-Albret Bibliotekonomia Mintegiko kidea eta EHUko irakaslea
