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Hemen zaude: Hasiera / Albisteak / Fernando Beorlegi margolaria hil da

Fernando Beorlegi margolaria hil da

Gari Araolaza 2008/01/07 02:53
Gaixotasun luze baten ondoren hil da gaur Fernando Beorlegi margolari ezaguna.
Fernando Beorlegi margolaria hil da

Irudia: Egoibarra batzordea, Eibarko udala

Nafarroako Campanas herrikoa bazen ere, aspaldiko urteetan Eibarren bizi zen. Datorren asteartean hilak 8, 7tan egingo da bere hileta elizkizuna Eibarko San Andres elizan.

Informazio eta argazki gehiago Egoibarraren webgunean

 

 

 

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Asier
Asier dio:
2008/01/13 12:32

Hamentxe pegatzen dot gaurko Correon agertutako artikulua. Correo

Beorlegui, una visión especial del arte y la vida

Personas allegadas al pintor recientemente fallecido analizan aspectos relacionados con su personalidad y obra creativa

Nacido en Campanas (Navarra) y afincado en Eibar desde 1956, el pintor Fernando Beorlegui murió el pasado domingo en su domiciliar. Prácticamente hasta el último momento mantuvo su enamoramiento con la creación y realizaba apuntes en los que se retrataba a sí mismo y a sus nietos.

Para su creaciones artísticas, partía de elaborados bocetos al carboncillo, al lápiz, utilizando collage, encaústica o cera mezclada con trapos con los que modelaba las figuras que luego representaría en sus lienzos: «... así trabajo mejor con la luz y el volumen», decía. En continua evolución, su obra no ha sido fácil de clasificar utilizando los ismos actuales. De hecho no comprendía por qué el artista debía mantenerse fiel a «un movimiento, a una corriente, a una idea».

Beorlegui aportó sus inquietudes para impulsar iniciativas culturales surgidas en la ciudad. Así, suyo fue el cartel de la primera Feria de San Andrés o la portada del libro Koplak de Ego Ibarra. Suya fue también la idea de realizar un libro sobre los grandes valores artísticos de la iglesia de San Andrés

MIGUEL BEORLEGUI EREÑA

Hijo del artista

«Eibar le sedujo con una mujer»

«Cuando cumplí los 14 años comprendí perfectamente el sentido crítico y rebelde que mi padre plasmaba, habitualmente, en sus obras. Era un hombre trabajador, afable y coherente, muy querido pero, eso sí, un artista que valoraba las cosas cotidianas y sobrellevaba la dureza de la realidad, del día a día. A pesar de vivir en un entorno industrial, de especulación y negocio, Eibar le sedujo en primer lugar con una mujer increíblemente bella, vitalista, humilde e inteligente, nuestra madre, y en segundo lugar por sus gentes integradas en un urbanismo laberíntico donde también nacieron Ignacio Zuloaga, Olabe y toda una saga de artistas relacionados con el damasquinado y la pintura», recuerda con emoción Miguel, uno de los cuatro hijos de Fernando Beorlegui, «a los que nos transmitió su visión especial sobre el arte, la vida y la libertad».

Miguel hace hincapié en cómo su padre «ridiculizaba la vanidad, la soberbia o la prepotencia de los poderes, poniendo a obispos a modo de kilikis (cabezudos) voladores o a jerifaltes militares con cráneos de bolón de barandilla, mientras gallinas histéricas picoteaban sus tozudas cabezas.»

«Frente a ninguno de sus trabajos el espectador puede pasar sin implicarse en algún aspecto, sin sentirse acariciado o escupido por la sobredosis de sensibilidad que se desprende de sus obras», asevera Miguel.

IÑAKI RUIZ DE EGUINO

ESCULTOR

«Sabía ahondar en lo más íntimo»

Amigo personal del artista fallecido, fue también comisario de la exposición antológica Fernando Beorlegui, que en 1993 se mostró en San Sebastián y a continuación en Eibar.

«Tenía una gran humanidad y era muy despierto. En su enfermedad demostró una postura positiva ante la vida y una gran fortaleza espiritual», subraya Ruiz de Eguino.

Como creador, considera que «tenía una entidad muy especial, máxime teniendo en cuenta que se formó con las penurias de la postguerra. Tuvo que trabajar como publicista para sobrevivir. Ahora algunos vivimos de esto (del arte). Pese a todo, produjo una obra muy sugestiva». En la base, en opinión de Ruiz de Eguino, está «el hombre y sus circunstancias. Parece una expresión de Ortega, pero la define muy bien».

«Era un hombre de agudeza, que sabía ahondar en lo más íntimo y que observaba que la realidad es una especie de teatro donde la risa, la adulación, la idiotez, afloran continuamente en la vida cotidiana».

Ruiz de Eguino confiesa que la última vez que paseó por Eibarcon Beorlegui, éste le comentó, al pasar por el templete de Txantxazelai donde se celebran los actos cívicos de despedida a los muertos, «que sería un magnífico lugar para colocar una pieza mía que a él le gustaba mucho. Como homenaje a Fernando, no descarto proponer su instalación al Ayuntamiento de Eibar».

BEGOÑA CENDOYA

VIUDA DE DANIEL TXOPITEA

«Me pintó de memoria»

«Un gran pintor y un gran amigo», es la definición que hace Begoña Cendoya de Fernando Beorlegui, al que agradece, al igual que a Iñaki Larrañaga, el calor humano que recibió a la muerte de su marido.

«Conocí a Daniel en 1971 y enseguida me metió en el mundillo artístico, con sus discusiones intelectuales y su afán de superación.» Años después, Txopitea, con Beorlegui y Larrañaga, fundaría el grupo Goruntz. «Los tres eran muy amigos y al principio, incluso, compartieron estudio en la calle Paguey. Hicieron una exposición conjunta en la Laboral de Eibar, que supuso un fuerte impacto. Eran muy progresistas, lo que les creó incomprensiones. Fueron tiempos difíciles».

Begoña recuerda con emoción una bonita anécdota relacionada con Fernando. «Aseguraba que quería hacerme un retrato. Estuve varias sesiones en su estudio de San Cristóbal y, al final, me dijo que como yo tenía unos rasgos muy suaves le resultaba muy difícil terminar la obra, lo cual me provocó un pequeño disgusto. Pero hizo una exposición en el Ayuntamiento y lo primero que ví fue mi retrato con el mar de fondo. Lo hizo de memoria. Le digo a mi hija que ese cuadro lo cuide de una forma muy especial».

JUAN LUIS BAROJA-COLLET

GRABADOR

«Un mundo alucinante»

«Le conocí en un cursillo de pintura para alumnos de la Escuela de Armería. Goruntz fue un referente para toda una generación posterior y acercarnos a ellos fue muy importante. La verdad es que nos recibieron muy bien. En 1979, Beorlegui, Illarramendi y Juanito San Martín organizaron un cursillo de grabado, del que surgió Azido Taldea. Ahí se intensificó la relación y comenzamos a hablar de arte», recuerda Baroja-Collet.

El artista en formación aprovechaba cualquier ocasión «para subir a su estudio , donde muchas veces se formaban tertulias e incluso meriendas, rodeadas por los cuadros de Fernando. ¿Imagínate!, para mí, el más joven de todos, era un mundo alucinante. Años después, un día me presenté y allí estaba Leopoldo María Panero fumando, con diez cigarrillos encendidos a la vez en las manos. Parecía un cuadro viviente de Fernando».

De la obra de Beorlegui a Baroja-Collet le gusta, sobre todo, la época de los años 70-80, «con un lenguaje visual influenciado por Goya, Gómez de la Serna, Buñuel e incluso Fernando Arrabal, y con una carga de denuncia social y de crítica a todos los estamentos. Luego le interesó más el color y desembocó en un realismo mágico».

También destaca la faceta «menos conocida» de grabador del artista navarro. «Con medios muy precarios y a partir del burilismo, había hecho cosas de quitarse la boina. La primera vez que ví una plancha era suya. Aprendí con él», reconoce Baroja-Collet.

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