Amatiño
Artikuluak
Egonkortasuna
Egonkortasunak ez du prentsa onik. Are gutxiago l'enfant terriblearenak egitea honenbeste gustatzen zaigun Euskadi honetan. Hala ere, nere ilobek gerrarik gabeko hirugarren belaunaldia osatzen duten Europan, egonkortasuna da segurutik sekula izan diren iraultza historikoetarik handienetakoa.
Hainbatek besterik uste arren, egonkortasuna ez da betiko betikoek diru gehiago egin dezaten, ezta administrazio publikoak merkatuan eraginik ez dezan izan ere. Ez, egonkortasuna ez da kontserbatzailea, demokratikoa, soziala eta ekologikoa baino.
Egonkortasuna demokratikoa da, joko demokratikoaren fruitu delako, herri-ituna dakarrelako, gizabanakoen eskubideak eta askatasunak segurtatzen dituen bakarra delako.
Egonkortasuna soziala da, egonkortasunik ezak indartsuenaren legea behartsuenen kaltetan ezartzen duelako. Lanpostu-kalitatea, pentsio-segurtasuna, ekonomia-sendotasuna edota gizarte-elkartasuna egonkortasunaren ondorio direlako.
Eta egonkortasuna ekologikoa da, globalizazioaren "gutasunak" ingurumenaren defentsa areagotzen duelako; gure erantzukizuna "besteei" edo "gerokoei" leporatzeko tentaldia uxatzen digulako.
Argia, 2007.12.09
Euskal Telebista como ejemplo de integración
Un día como hoy, hace un año, exactamente a las ocho y veinte de la tarde del 13 de diciembre de 2006, el canal francófono de la televisión pública belga interrumpió la emisión en horario de máxima audiencia y uno de sus presentadores más conocidos, con claros síntomas de preocupación pero de forma profesional y circunspecta, anunció la decisión del Parlamento flamenco de proclamar su independencia y escindirse de Bélgica. La primera información de alcance ofreció imágenes del Parlamento de Flandes, así como de entusiasmados militantes flamencos ondeando felices su bandera. El reportaje denunció el paradero desconocido del Gobierno belga y dio cuenta de que la OTAN, con sede en Bruselas, estaba en alerta roja. Recogió asimismo las precipitadas valoraciones de diversos líderes políticos y mostró la grabación del rey Alberto y la reina Paola accediendo a un avión militar para huir con destino al Congo, antigua colonia belga.
Miles de ciudadanos valones pertenecientes a la comunidad francófona de Bélgica creyeron a pie puntillas que la temida separación entre Flandes y Valonia se había finalmente producido y para cuando, a los treinta minutos, la propia cadena aclaró de que todo ello era un montaje en clave de humor, los teléfonos de la RTBF estaban colapsados y amplios sectores de la ciudadanía eran presos de la incertidumbre y el caos.
Luego se supo que un equipo de periodistas de la RTBF había estado preparando el programa durante casi dos años con idea de mostrar ante la audiencia el riesgo real de una hipotética división de Bélgica. Los políticos de uno y otro signo criticaron la supuesta irresponsabilidad de la televisión pero nadie negó la mayor: si la audiencia llegó a creerse la broma fue porque, en el fondo, a nadie le pareció increíble. Lo que en cualquier otro Estado hubiera podido producir hilaridad, en Bélgica --o cuando menos en Valonia-- produjo pavor.
¿Qué pasaría en Euskadi si ETB hiciera algo parecido? Probablemente no tendría mayor trascendencia que la propia de una inocentada más. Una más al estilo de Vaya semanita y poco más. Euskadi no es Flandes, tampoco Valonia. Mucho menos aún, Bélgica.
En la antípoda de la televisión belga
Hay un refrán que dice dime con quién andas y te diré quién eres. En el mismo sentido se podría decir dime qué televisión ves y te diré cómo eres. E, incluso más aún, dime que modelo de televisión tienes y te diré a qué modelo de país perteneces.
No es casualidad que la televisión pública apenas tenga presencia en una sociedad como la de los Estados Unidos de América, donde la privatización de amplios sectores y ámbitos sociales es un valor en sí mismo. Por el contrario, si en Europa la televisión pública mantiene un respetable protagonismo social es porque la tradición europea entiende que hay campos como la educación, la sanidad o los grandes medios de comunicación social que requieren algún tipo reequilibrio público.
De otra parte, la despreocupación de la televisión pública de Irlanda (Radio Telefis Ëireann) por el cultivo del gaélico es claro reflejo del escaso interés que los irlandeses en general dispensan a su lengua nacional. Como la amplia oferta televisiva en catalán es fruto de la buena salud que el idioma disfruta en Cataluña, mientras que la existencia de ETB1 y ETB2 --y su desigual presencia social-- es prueba fehaciente de la distinta implantación del euskera y del castellano en el seno de la sociedad vasca.
Precisamente, que yo sepa, Euskal Telebista es la única televisión del mundo concebida y organizada internamente para trabajar paralelamente en dos idiomas. No sólo porque ambas lenguas --euskera y castellano-- tienen acomodo bajo el mismo techo, ni tampoco porque respondan ante una misma dirección, sino porque, además, dispone de profesionales y equipos de trabajo que día tras día utilizan ambos idiomas como lengua de trabajo y para su emisión en dos canales distintos. Se podrá discutir si es o no el mejor modelo organizativo, pero no cabe la menor duda de que es el más integrador, fiel reflejo del alto nivel de integración del conjunto de la sociedad vasca.
Muy otro es el modelo de la televisión pública belga. Por un lado, la RTBF (Radio Télévisión Belge de la Communauté Française), exclusivamente en francés, y por otro la VRT (Vlaamse Radio- en Televisieomroep), únicamente en neerlandés o flamenco. Ambas tienen su raíz en el proyecto conjunto propiciado en 1960 por Paul-Henri Spaak, uno de los padres de la Unión Europea. Las dos cadenas comparten sede en el número 52 del boulevard Reyers o Reyerslaan, en Bruselas, aunque con dos puertas de entrada distintas que dan paso a dos mundos en nada coincidentes: dos puertas, dos direcciones, dos organizaciones, dos economías, dos plantillas, dos redacciones, dos comunidades y, por si algún día se produjera algún incendio, dos juegos de extintores.
La televisión pública belga, con sus virtudes y defectos, es el monitor donde día tras día se visualiza la implacable división entre dos comunidades lingüísticas que se dan la espalda. La televisión pública vasca, también con sus virtudes y defectos, es por el contrario espejo y visor de una sociedad bilingüe integrada. Cualquier parecido entre una y otra situación es mera ficción. Y el mérito de la comunidad vasca, con serlo de todos, es sobre todo de sus miembros bilingües, como no podría ser de otra forma.
Noticias de Gipuzkoa, 13.12.2007
Los grandes mitos vascos
Con alguna frecuencia se nos acusa a los vascos de inventarnos mitos para justificar una historia que nunca existió. Es probable que la acusación no sea del todo errónea pero tal constatación, de ser cierta, lejos de hacernos más distintos de los demás nos haría aún más iguales al resto del mundo. No hay en la Tierra pueblo que se precie que no tenga sus propios mitos. Raros seríamos los vascos si no los tuviéramos.
Mitos tenemos todos, pero tan malo es creer los propios a pies puntillas como reírse de los del vecino. Supongo que a estas alturas no tendría mayor sentido echar en cara a los asturianos que en Covadonga no se dirimió nada importante o que Don Pelayo no fue un héroe astur sino un miliciano godo. Probablemente más de un navarrista se enfadaría muy mucho si se le dijera que, allá por el siglo XIII, el escudo de Sancho el Fuerte se parecía más a la doble cruz de la ikurrina que a las cadenas de Navarra, y tampoco sería muy caritativo recordar a los gallegos que Santiago nunca llegó a Galicia y que, por tanto, en sentido estricto, el famoso Camino de Santiago bien podría ser una operación de marketing. Porque, puestos a inventar batallas, ni existió la batalla de Clavijo, ni el famoso Santiago Matamoros montó nunca caballo blanco alguno, ni Almanzor perdió su tambor en Calatañazor, ni está históricamente demostrado que Guzmán el Bueno permitiera que degollaran a su hijo por no entregar la plaza de Tarifa.
Enseñanza tradicional española
Estas cosas y otras más cercanas en el tiempo se nos enseñaron a nosotros en la escuela sin que ningún académico de la Historia saliera al paso de tanto mito. Con todo, este recuerdo no pretende desprestigiar a nadie sino constatar la evidencia de que los libros de texto a los que hemos accedido secularmente los escolares vascos del Estado español han respondido siempre a criterios acordes con la enseñanza oficial española. Hay que decirlo, y más todavía cuando se levantan voces sugiriendo poco menos que determinadas actitudes son fruto de la escuela pública vasca o, peor aún, que algunos textos suscitan violencia. Pues no.
Hasta bien entrados los años setenta, la práctica totalidad de los mayores de cuarenta años nos hemos educado en el entorno de las llamadas "escuelas nacionales" y si el sentimiento vasquista es achacable a la escuela, será en todo caso a la escuela monárquica de los siglos XVIII y XIX, a la republicana de principios del XX o a la franquista desde 1939 hasta 1975. Los ciudadanos vascos podremos ser rudos o románticos, pero lo que está meridianamente claro a través de la historia es que nos hemos educado con libros sujetos a los cánones de la enseñanza española. Las ikastolas no alcanzaron relevancia social hasta la década de los ochenta y la Ley de la Escuela Pública Vasca apenas tiene 14 años de existencia. E, incluso hoy, los libros de texto de las editoriales de Madrid o Barcelona priman sobre los de producción propia.
Evolución en 25 años
Otro gran mito es la idea de que la enseñanza en euskera se produce en contra de la voluntad de los padres y trastocando un sistema previo socialmente aceptado en un marco de libertades. Pues tampoco. Lo cierto es que nunca antes en la historia los vascos hemos tenido un sistema de enseñanza que nos permitiera tanta elección como ahora. Hubo un tiempo en que en los contratos de los maestros se hacía constar expresamente su obligación de no permitir que los alumnos se expresaran en euskera y, sin ir más lejos, yo no sabía ni una palabra en castellano cuando fui a la escuela. Y para cuando conocí algún profesor que, al menos fuera de clase, dijera algunas palabras en euskera, tenía ya 17 años.
Con respeto a la libre opción de los padres, basta recordar que en el primer año de implantación de los modelos lingüísticos, curso 1983/84, el 47% de los alumnos -entre 3 y 6 años-- que accedió a la enseñanza tanto pública como privada, respondió al modelo A (en castellano, con euskera como asignatura); el 22,67% cursó estudios bilingües, en el modelo B; y el 26,26% optó por el modelo D (en euskera, con el castellano como asignatura). Diecisiete años más tarde, en el curso 2000/2001, la opción de los padres del colectivo de niños de igual edad ofreció los siguientes datos: modelo A, en castellano, 10,28%; modelo B, bilingüe, 29,37%; y modelo D, en euskera, 59,66%. Y en el presente curso de 2007/2008, el 6,10% de los padres han optado por el modelo A, el 26,20% por el modelo B y el 67,10% por el D. Estos son los datos y esta es la gran realidad. Todo lo demás es mito.
También se las trae el mito de que la Escuela Vasca no potencia la pluralidad. Al menos cronológicamente, los datos históricos demuestran precisamente lo contrario. La escuela que nosotros conocimos fue coetánea del militarismo, el machismo, el paternalismo y el monolingüismo. La escuela de hoy corre paralela al antimilitarismo, la no-discriminación sexual, el mayor equilibrio social, el bilingüismo activo y la solidaridad internacional.
Así mismo, no falta quien se atreve a tachar al sistema vasco de enseñanza de excluyente. Sorprende que tales acusaciones provengan de quienes hasta hace poco participaban del hermetismo tradicional simbolizado por "Santiago y cierra España". Una tradición que primero hizo suya la "reconquista" contra la civilización del Islam, después expulsó a 150.000 judíos, más tarde a medio millón de moriscos, luego incluso a los jesuitas y, sin perder del todo la gran tradición de la Inquisición Española, termina en la época actual, cuando se nos llena la boca de globalización, con una Ley de Extranjería restrictiva. Pero si hasta Cervantes encontró a los ciudadanos de Argel más tolerantes que sus vecinos de Madrid...
Seguramente los vascos tenemos tantos mitos como los que más, pero yo no diría que en esto somos los mejores. Para inventar mitos, de los buenos, hace falta gran imaginación. De los vascos se ha dicho siempre que somos trabajadores, nunca jamás dijo alguien que fuéramos imaginativos. Más bien lo contrario. El insigne bilbaino Miguel de Unamuno reconocía la "poca potencia imaginativa" de los vascos y así lo confesó: "Puede decirse que eso que aquí se llama ingenio ha sido concedido con avara parquedad a mi raza. No somos ingeniosos" (Los Baskos en la nación argentina. Buenos Aires, 1916).
Entre los modelos Borbón y Sarkozy
Ignacio Suárez-Zuloaga, biznieto del pintor eibarrés Ignacio Zuloaga y miembro de la delegación en Madrid de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, nos ofrecía el pasado día 28 en esta mismas página un artículo titulado Los vascos y la Monarquía, en el que, tras defender la relevancia histórica de la institución monárquica en el País Vasco y atribuir a las instancias reales el mantenimiento de nuestros sistemas administrativos y fiscales propios, abogaba por fortalecer en el futuro los lazos de afectividad entre la sociedad vasca y la realeza española, habida cuenta de la personalidad, dignidad, emotividad, cercanía, empatía y otros valores que --a su juicio-- concurren en la figura de don Juan Carlos de Borbón.
Vaya por delante que no parece que haya mayor dificultad en reconocer la relación histórica entre la Monarquía y la tradición foral vasca. Evidentemente, sin necesidad de saber mucho de historia, basta con visitar como simple turista la Casa de Juntas de Gernika para advertir que allí, además de árboles santos, símbolos milenarios, leyes antiguas e himnos sagrados hay, también, monarcas, coronas y reconocimientos reales.
Asimismo, no cabe mucha duda del papel que, durante bastantes siglos, ha desarrollado la monarquía española como defensora no siempre suficiente pero sí necesaria-- de nuestros regímenes jurídicos privativos. Y, desde luego, no es un desatino la decisión de mostrarse públicamente favorable a la Monarquía, aunque los razonamientos objetivos bien pudieran tener más que ver con la historia de la propia institución monárquica que con los atributos personales del rey de turno.
Puestos a entrar ya en la discrepancia, probablemente yerra Ignacio Suárez-Zuloaga cuando asegura que Canovas del Castillo pudo haber aprovechado la ocasión para igualar de verdad a todos los españoles, pero no quiso penalizar a los sufridos liberales vascos ni aumentar el agravio de la mayoría carlista. Aún a riesgo de generar equívocas interpretaciones, cabría argumentar que, quizá, Cánovas no quiso igualar a todos los ciudadanos españoles porque, precisamente, los veía distintos. Y que, muy seguramente, en su ánimo de no penalizar o agraviar a los vascos no había ningún asomo de conmiseración o pena, sino más bien un ejercicio interesado de responsabilidad como estadista.
Fue el historiador Ferran Soldevilla quien, en pleno periodo franquista, aseguró hace ya casi medio siglo (Historia de España, tomo VIII, 1959) que Cánovas había defendido --en contra del pretendido progresismo de Sagasta-- la posición favorable a los municipios y diputaciones vascos "por la excelencia de la administración que desarrollaban. Cánovas entendía que el objetivo no era otro que reservar a favor de los vascos todo aquello que sin contrariar las obligaciones que a todos los españoles les imponen los preceptos constitucionales, pueda mantener en aquellas provincias el espíritu administrativo en que, indudablemente, han sido superiores hasta ahora a otras de la Nación". Es más, contra lo que parece haber entendido Ignacio Suárez-Zuloaga, Cánovas del Castillo perseguía el ideal de extender a España la experimentada eficacia de la administración foral vasca por lo que, en su opinión, no tenía sentido pretender este ideal vasco en los demás territorios y "destruirlo allí (en el propio País Vasco), para tener el gusto de crearlo luego, francamente, me parecería a mí (a Cánovas) un absurdo administrativo-económico".
Con respecto a la mayor o menor vigencia de la vocación monárquica, cualquier respuesta requiere contemplar previamente el contexto que le rodea. A nadie se le escapa que para la inmensa mayoría de los ciudadanos americanos la monarquía representa un sistema anacrónico y obsoleto, totalmente ajeno a su cultura política. Asimismo, no es nada estrambótico sospechar que, entre la jefatura de Estado hereditaria o la elección democrática, muchos ciudadanos españoles corrientes y molientes podrían optar por la vía de las urnas. Pero, dicho todo esto, no es menos evidente que la mayoría de los vascos ni son americanos ni españoles al uso, sino peculiares ciudadanos que, a la hora de elegir entre los modelos Borbón y Sarkozy, bien podrían preferir el original a la copia.
Son muchos los vascos conscientes de que su opción política nunca alcanzará la jefatura del Estado español ni la presidencia de la República de Francia. Y no son pocos los que consideran que para ser gobernados por siglas no siempre mayoritarias en el entorno más cercano, resulta más que suficiente el rango de presidente de gobierno o primer ministro. Tampoco parece que nuestros paisanos de Iparralde susciten a este lado de la muga un sentimiento generalizado de envidia por su hipotética coparticipación en la elección de Sarkozy. Puestos a elegir, no faltarán quienes prefieran a un Borbón que debe la corona a su matrimonio con la reina de Navarra, Joana de Albret, cuyo mecenazgo a favor de las letras vascas sigue teniendo siglos más tarde merecido reconocimiento en los programas escolares.
Aunque Ignacio Suárez-Zuloaga se muestre convencido de lo contrario, podría ser que no todos los vascos esperaran del rey de España especiales pruebas de afabilidad, emotividad o empatía. Para ello, eso sí, quizá serviría mejor el modelo Sarkozy. Sin embargo, probablemente son más los vascos que ante todo esperan de la realeza española valores como memoria, responsabilidad y compromiso con la historia. O, aunque no sea más que por simple eliminación, quizá no quede ya nadie tan iluso como para esperar semejante compromiso por parte del modelo Sarkozy o similar. La cuestión es si la Monarquía española es consciente de ello y está dispuesta a no dejar pasar la oportunidad.
El Diario Vasco, 11 de diciembre de 2008
Hegoaldea Hollywood da
Aurreko ostiralean, Ospitalepeko eliza erromanikora bidean Zuberoako muturrean autoz nindoala, hango euskal irrati batek hegoaldeko albisteak eskaini zituen.
Hemengo berriemaileak informatu zuenez, Konstituzio eta Ama Birjina egunak tarteko, opor giroa nagusi zen mugalde honetan. Jende asko Euskal Herritik kanpora joana, New Yorkera eta Londresera batez ere. Eta, irten gabe gelditutakoak berriz, Gabonetako erosketei buru-belarri ekinda. Batez beste, hegoaldeko hiritar bakoitza 900 euro gastatzeko gertu.
Informazio honen ostean, Iparraldeko esatariak hemengo aberastasuna azpimarratu zuen eta ezer gutxi falta izan zitzaion Hegoaldea Hollywood dela esateko; are gehiago kontuan hartuta, hilabete honetan hamasei egunetan baino ez dugula lanik egingo.
Ez dakit Hegoaldea Hollywood den ala ez, baina, beldur naiz ez ote garen ahal duguna baino gehiago gastatzen ari.
Ingurumena eta klima-aldaketa direla eta, badirudi etorkizunaz kontzientziartzen dihardugula, bai baitakigu benetako arazoa ez dela oraingo egoera, ondoko belaunaldiei lagako dieguna baizik.
Ba... ekonomiaz ere antzerako. Arazoa ez da egungo bizimodua, gure ondokoak gu bezain ondo bizi daitezen gura ote dugun baino. Eta hori nahi badugu, hobe genuke lan gehiago egin, gutxiago gastatu eta gehiago aurreztu.
Hau entzunda, norbaitek esango du: Amatiñok agure zaharra ematen du, geroko ekonomia eta aurrezkiak defenditzen. Bai, behar bada bai. Baina kontu izan kolokan dagoena ez dela nere hiru urte barruko jubilazioa, zure hogeita hamar urte barrukoa baino.
Ez naiz nererik defenditzen ari. Ni ez naiz ordurako egongo.
Belgikako telebista
Esaidazu norekin diharduzun eta esango dizut nor zaren dio errefrauak. Eta, ildo beretik beste hau ere izan zitekeen: Esaidazu ze telebista ikusten duzun eta esango dizut nor zaren. Edota beste hau: Zelako telebista, halako herria.
Segurutik Ameriketako Estatu Batuetan telebista publikoak ez du indarrik, gizarte zeharo pribatizatua delako. Seguru asko Europan ahalmen handia du telebista publikoak, bertako tradizioak publikotasunaren defentsa egiten jarraitzen duelako.
Era berean, Eireko telebista irlandarren hizkuntza-ardurarik ezaren ispilu gardena da, Kataluniako telebista-merkatua katalanaren osasunaren fruitu naroa den bezala, eta Euskal Telebistaren bi kateak gure hizkuntza-orekaren adierazgarri diren moduan.
Hain zuzen, Euskal Telebistarena da, munduan, aldi berean hizkuntza bitan lan egiten duen bakarra. Ez soilik teilatupe berean ari direlako euskarazko zein gaztelaniazko bi kateak, edota biek zuzendaritza berbera dutelako, baita lan-talde askok ere bi kateentzat lan egin ohi dutelako aldi berean. Auskalo modelurik onena den, baina bai behintzat integratuena, euskal gizarte-integrazioaren lekuko.
Besterik da, ostera, Belgikako Telebista. Batetik RTBF (Radio Televisión Belge France), frantsesez, eta bestetik VRT (Vlaamse Radio-en Televisieomroep), flandrieraz. Biak sortarazi zituen elkarrekin Paul-Henri Spaak politikariak (Europako Batasunaren gurasoetako bat) 1960an, eta biak daude Bruselako Reyers-Reyerslaan kalean, sarrera bi guztiz kontrajarriak dituen egoitza berean. Ate bi, zuzendaritza bi, isil-poltsa bi, lan-talde bi, gizarte-helburu bi eta, inoiz suterik balitz, baita amatatzeko itzalgailu bi ere.
Hori da Belgika.
Sor Juana Inés de la Cruz
El 12 de noviembre del 1651* nacía en San Miguel Nepantla (México) Juana de Asbaje, quien con el tiempo se convertiría en Sor Inés de la Cruz, poetisa y prosista que ha merecido el apelativo de Fénix de México. Aunque nacida en el Nuevo Mundo, Juana era fruto de la relación entre la criolla Isabel Ramírez de Santillana y el militar Pedro Manuel Asbaje, natural de Bergara (País Vasco), ascendencia que la religiosa tuvo presente en su producción literaria, con referencias explícitas a su origen:
Pues que todos han cantado,
yo de campiña me cierro:
que es decir, que de Vizcaya
me revisto. Dicho y hecho!
Y a la lengua de sus mayores:
Nadie el vascuence murmure
que juras a Dios eterno,
que aquesta es la misma lengua
cortada de mis abuelos.
También dedicó versos y estribillos a la Virgen de Arançazu, que ella ubicaba en Bizkaia, como entonces era habitual referirse al conjunto de Vasconia:
Guazen galanta, contigo
guazen nere lastana
que al cielo toda Vizcaya
has de entrar.
Galdu naiz, ai! que se va
nere bizi guziko galdu naiz.
El año 1995 se cumplió el 300 aniversario de su fallecimiento y nadie en Bergara se acordó de ella. Sin embargo, Juana de Asbaje hizo méritos más que suficientes para ganarse una calle, un monolito, alguna reedición literaria o, cuando menos, el reconocimiento público de sus orígenes.
Juana de Asbaje
Asbaje es un apellido prácticamente inexistente en el nomenclator vasco actual. La versión de que fuera Asuaje o Asuaxe, además de tener lógica explicación fonética y mayor sentido en euskara, tiene visos de credibilidad por su pervivencia práctica hasta nuestros días. En cualquier caso, el apellido hizo historia en México gracias a la afición por la lectura de una niña a quien su abuelo materno, Pedro Ramírez --descendiente de doña Catalina Xuárez de Marcaida, primera esposa de Hernán Cortés--, enseñó a leer con tres años de edad, y cuya biblioteca apenas tuvo secretos para la niña a partir de los ocho. Además de castellano, aprendió náhuatl con sus amigos de la infancia, fue claramente consciente de la lengua original de su padre*, aprendió más tarde latín, leyó a los clásicos griegos y romanos, y terminó sabiendo prácticamente todo cuanto era conocido en su época.
Para entender en su magnitud el esfuerzo personal de Juana de Asbaje, es preciso recordar que por aquel tiempo estaba mal visto que las mujeres aprendieran a leer y no se les permitía acceder a la Universidad, para lo que tuvo que a solicitar a su madre que la vistiera de hombre. No parece que se tratara de una decisión original, por cuanto que lo mismo hicieron por aquel tiempo, aunque por distintas razones, otras dos vascas avecindadas también en México: Catalina de Erauso, la Monja alférez, y Francisca de Abendaño, la Salteadora generosa. Con todo, a sus 15 años eran tan amplios los conocimientos de Juana, que fue requerida a un examen público ante 40 profesores de la Universidad, teólogos, filósofos, humanistas y matemáticos, sorprendidos de que una mujer pudiera saber tanto.
Inteligente, culta, bella* y bien situada en la corte como dama de la virreina, a los 16 años de edad ingresó en convento, donde falleció 28 años más tarde, víctima de la epidemia que se declaró en México en 1695. Sus funerales reunieron tanto al pueblo llano como a lo más granado de la alta sociedad mejicana, además de los más ilustres literatos de la época. Escribió numerosos sonetos, romances, silvas, letrillas, villancicos y redondillas dentro de la corriente barroca de la poesía hispánica. Algunos de sus poemas reflejan una concepción trágica del amor, fruto de una pasión sincera y no correspondida, a la que los expertos atribuyen su ingreso en el convento. Sobre estos versos de amor profano dijo Menéndez y Pelayo que son de los más suaves y delicados que han salido de pluma de mujer.
Desde el emperador Agustín de Iturbide y Aramburu hasta el insurgente Doroteo Arango Pancho Villa, pasando por la primera imprenta de América, abierta a iniciativa de Fray Juan de Zumarraga, o la empresa fabricante de neumáticos Euzkadi, de principios del pasado siglo, la presencia vasca en México es muy importante. Conquistadores, misioneros, obispos, marinos, piratas, mineros, pintores, escritores, arquitectos, periodistas, comerciantes, bandidos, esclavistas, cantantes, compositores, profesores, empresarios, políticos... de todo ha dado el País Vasco en la historia mejicana de los últimos cuatro siglos. Entre todos merece sin duda algún recuerdo Juana de Asbaje, Sor Inés de la Cruz, y no sólo porque fuera una de las pocas mujeres entre tanto hombre, sino porque, además, está considerada como una de las mejores poetisas de México. La sección mejicana de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País publicó hace un par de años algún material y puede ofrecer ayuda al respecto.
Con todo, no deja de ser triste que una poetisa de ascendencia bergaresa, cuya obra figura en la antología de las mil mejores poesías de amor en lengua castellana, que ha dado nombre a centros culturales y docentes en México, que tiene calle y es recordada tanto en billetes como en cómics infantiles, sea una perfecta desconocida entre nosotros. Sorprende, también, su amplia divulgación en Internet y por operadores anglosajones, mientras que en Bergara, Gipuzkoa y en Euskadi en general pasa totalmente desapercibida.
- Otras fuentes barajan el año 1648. La fecha de 1651 es probablemente la más divulgada entre el gran público vasco (Enciclopedia Auñamendi) y aparece avalada en obras como Razón y pasión de Sor Juana (Editorial Porrua, Argentina-México, 1992).
- En carta dirigida a Juan de Orbe y Arbieto afirma su origen vasco: Siendo yo como soy de Vizcaya y Vuesa Merced de sus nobilísimas familias, de las casas de Orbe y Arbieto, vuelvan los frutos a su tronco, y los arroyuelos de mi discursos tributen sus corrientes al mar en quien reconocen su origen.
- La Enciclopedia Auñamendi y Wikipedia ofrecen retrato pintado por Andrés de Islas en 1772.
Julio Verne se equivocó en 900 años
Es conocido el alto grado de aceleración que vive el desarrollo tecnológico desde los albores de la era industrial en general y postindustial en particular. Un ejemplo sencillo puede ayudarnos a valorar con objetividad este proceso de aceleración. Mientras que los ejércitos de los sumerios (3.000 años antes de Cristo) y las tropas carlistas del general Zumalakarregi (hace apenas siglo y medio) se movían prácticamente a la misma velocidad, es decir a la velocidad del caballo, la guerra del Golfo de 1990 se produjo poco menos que a la velocidad de la luz. Transcurrieron cinco mil años desde la aparición de los primeros carros de tracción animal hasta la invención de la máquina de vapor, y tan sólo 200 años desde el primer vehículo accionado por un motor de vapor hasta la fabricación del primer ordenador electrónico.
El desarrollo tecnológico es de tal envergadura que continuamente se producen no ya invenciones a cuál más sorprendente, sino que incluso esas mismas invenciones calificadas a menudo de "históricas" llevan camino de hacerse obsoletas en vida de las mismas personas que las hemos visto aparecer en el mercado. El factor sorpresa parece haber desaparecido y la cada vez mayor receptibilidad y capacidad de socialización de los nuevos inventos no tiene límites. Basta recordar que, en el último siglo, el teléfono necesitó 75 años desde su invención hasta su implantación global, la televisión apenas cuarenta, el cable treinta, el PC veinte y el vídeo algo más de diez años. A este paso vamos a conocer desarrollos tecnológicos de muy reciente invención que en cuestión de pocos años van a quedar superados. Tal puede ser, por ejemplo, el caso de la propia cinta de vídeo, que salió al mercado a finales de los setenta y, apenas veinte años más tarde, era ya una antigualla plenamente sustituida por el disco digital, que a su vez ya vislumbra su futuro amenazado por las memorias holográficas y otros soportes.
Precisamente, lo que más sorprende de todo este cúmulo de continuas invenciones y desarrollos tecnológicos no es tanto el hecho de llegar a imaginarlos, sino la velocidad de su resolución práctica. Si nos referimos por ejemplo a Julio Verne, si ya es sorprendente que el escritor francés imaginara con antelación ingenios mecánicos que luego han llegado a ser realidad, tanto o más sorprendente es que algunas de las previsiones de Verne se hayan adelantado nada menos que mil años a sus vaticinios.
La aportación de Verne supuso sugerencias innovadoras y convincentes en cuanto a las aplicaciones de las nuevas tecnologías, y es evidente su aguda intuición sobre las posibilidades de la ciencia. Efectivamente, había que ser un genio para imaginar a finales del siglo XIX la ciudad del futuro, con diez millones de habitantes, rascacielos de 300 metros, pleno dominio de la energía eléctrica, espacios climatizados, aceras mecánicas, comunicación telefónica, fax, tertulias radiofónicas, periódicos electrónicos a domicilio, retransmisión de noticiarios televisivos, aparatos domésticos de grabación y contabilidad por ordenador, además del tráfico aéreo normalizado, navegación submarina, aplicación del aluminio en la aeronáutica etc. Todo ello es sorprendente y hasta increíble en la mente de una persona, no precisamente de formación científica, en la segunda mitad del siglo XIX. Pero siendo todo ello cierto y digno de encomio, lo que nadie dice es que ese panorama imaginario Julio Verne lo predijo para el año 2.889, para casi mil años después de su muerte.
Los avances de los últimos años han demostrado que Julio Verne se adelantó certeramente en muchas de sus previsiones, que su capacidad de anticipación fue inusitada, pero que su imaginación, por mucho que fuera rebosante de ideas y propuestas, fue incapaz de concebir que todo aquello que él llegó a soñar iba a producirse en menos de cien años.
Julio Verne imaginó como nadie las nuevas tecnologías que iban a llegar, pero lo que nunca pudo imaginar fue el extraordinario proceso de aceleración en el que se iba a ver inmersa la sociedad del futuro. Imaginó el futuro pero se equivocó en 900 años. Sabía lo que iba a venir, al menos acertó, pero creyó que todo sería mucho más lento. Al final va a resultar que lo que realmente sorprende de la ciencia del siglo XX no es tanto el desarrollo tecnológico alcanzado, cuanto la velocidad en la que se ha producido.
Según Arthur C. Clarke, autor en 1968 de la famosa novela de ciencia-ficción, 2001. Una odisea espacial, "nunca podrá existir otro Jules Verne, pues nació en un momento irrepetible de la historia. Creció en los años en que la máquina de vapor estaba cambiando el mundo material y los descubrimientos científicos el mundo de la mente". Esta opinión cobra mayor valor en boca de Clarke, tanto más cuando nunca se llegó a producir la odisea espacial que él predijo, no al menos en el año 2001. Ni... después. Pero ésta es otra historia.
Nafar Serbia
Batek daki gero, Kosovok independentziarik lortuko ote duen hurrengo egunetan. Baina, zer gerta ere, independentziarik lortzekotan, ez da behintzat eskubide historikoengatik izango, independentziazaleek hauteskundeak irabazi dituztelako baino.
Ez dakit independentzia aldarrikatzerakoan zeintzuk izan ote daitezkeen argudiorik sendoenak. Baina ez dut uste eskubide historikoak arrazoi demokratikoak baino garrantzitsuagoak direnik.
Behar bada Melilla marokoarra da, historiari hola zor zaiolako. Baina, orduan, zergatik ez Gibraltar espainiarra? Edo alderantziz, Gibraltar britainiarra baldin bada biztanleek hala nahi dutelako... zergatik ez Melilla espainiarra?
Eta zer esan Ipar Irlanda, Quebec edo Nafarroaren kasuetan? Zerk agintzen du? Historiak ala demokraziak? Esate baterako, Quebec-en eskubideak ez dira historian oinarritzen, gaur egungo biztanleen nahian baizik. Eta, horretara, Iparraldearen edo Nafarroaren eskubideek zertan oinarritu beharko lukete? Historian ala gaur egungo biztanleen borondatean?
Izan ere, euskaldunok eskubideak aipatzen ditugunean... zertaz ari gara? Gu jaio aurreko eskubideez ala orain bizi garenok nahi dugunaz? Eta, nor dira eskubideen jabe, lurraldeak ala pertsonak? Ba al dago mapa geografikoaren defentsa tiroz egiterik, bertako hiritarren borondate politikoaren kontra?
Dena den, Kosovo aipatu eta zenbaiti euskal independentziaren bonbilla piztu egiten zaio. Baina, Kosovo ez al da ba Serbiarentzat, Euskadirentzat Nafarroa den bezainbat?
Quirola eta kirola
Jose de Arteche zenak aitortu zuen (De Berceo a Carlos Santamaría, 1968), berak neologismotzat jo arren "quirola" XIII. mendeko hitza zela, Justo Garatek gogoratu bezala (Euskera XII, 1967) Berceoren olerkietan azaltzen da-eta.
Egia da Justo Garatek hori esan zuena, egia den bezala hainbat urte lehenago Augustin Anabitartek (Euskal Esnalea, 1919) "kirol" hitza erabili zuena. Aurretik, berriz, Azkuek bere hiztegian (Diccionario Vasco-Español-Francés, 1905) jasoa zuen eta, ordurako, bildua XVI. mendeko errefrauetan (Refranes y Sentencias comunes en Bascuence declaradas en Romance*, 1596).
Garbi dago "kirol" hitza ez dela asmatu berria, zeharo zaharra baino. Hizkuntzalariek ez dute honetaz zalantzarik. Baina soziologoek galdetu lezakete, ostera, ea zelan arraio "quirola" agertzen den Erdi Aroan, Errioxan, kirola ingelesek asmatu bazuten XIX. mendean.
Kontua da "quirol" hitzak ez duela jatorriz joko edo ariketa fisikorik esan nahi, olgeta edo jolas atsegina baino, gaztelaniaz zein frantsesez "deporte" berbak Erdi Aroan esangura zuen ildotik. Baina, XIX. mendean, ingelesek sport hitza berrasmatu zuten joko edo ekitaldi fisikoa adierazteko eta ondoren etorri zen antzinako berba zaharraren egokipena frantsesez, gaztelaniaz zein euskaraz.
Jakinekoa, beraz, zelan izan zen aldaketa historikoa. Auskalo, ordea, nor izan ote zen aldaketaren lehen eragilea. Hau da, 1905eko Azkueren hiztegian "kirol" hitza jostaketaren sinonimoa zen; 1919an berriz, Anabitartek idatzi zuen: euzkotarrak txapeldun dira kirol askotan. Nahiz eta, J. Díaz Nocik dioenez, Argia aldizkariaren kirol-saila Jolasak deitu 1920ko hamarkadan, eta ez Kirolak.
* Gorhua garrian, ta gogoa quirolan.
* Astoagaz adi quirolan, ta deyc buztanaz biçarrean.